Por Alfredo Acevedo
Un buen día, el pene, hastiado de injusticias, corrupción, desigualdad y bajos salarios, con su erecta y longitudinal figura, exigió a la administración gubernamental para la cual labora un aumento de sueldo argumentando lo siguiente:
- Ejecuto trabajo físico. 2. Trabajo a grandes profundidades. 3. Trabajo de cabeza. 4. No gozo de descanso semanal ni días festivos. 5. Trabajo en un local extremadamente húmedo, oscuro y sin ventilación. 6. No me pagan horas extras ni nocturnidad. 7. Trabajo a altas temperaturas. 8. Trabajo expuesto a enfermedades contagiosas.
Inmediatamente recibido los argumentos planteados por el pene, el gobierno y el sector empresarial se sentaron a la mesa del diálogo, en donde rechazaron las exigencias del mismo por las siguientes razones:
- No trabaja ocho horas consecutivas. 2. Se duerme en el puesto de trabajo después de una actividad laboral. 3. No siempre responde a las exigencias de la jefatura. 4. No siempre es fiel a su puesto de trabajo, se mete en otros departamentos. 5. Descansa mucho, antes de tiempo. 6. No tiene iniciativa, para que trabaje hay que estimularlo y presionarlo. 7. Descuida la limpieza y el orden del lugar al terminar la jornada de trabajo. 8. No siempre cumple con las reglas de uso de los medios de protección e higiene del trabajo. 9. No espera a la jubilación para retirarse. 10. No le gusta doblar turnos. 11. A veces se retira de su puesto de trabajo cuando aun tiene faena pendiente. 12. Y por si fuera poco, se le ve entrar y salir constantemente del puesto de trabajo con dos bolsas sospechosas.
¡Oh, mi Dios!. ¿Y ahora, quién podrá defenderme?







