El Hombre Blanco

El Hombre Blanco

(Ilustración de Fuente Externa).

Por Abel Guzmán

Para la época del descubrimiento de América, sólo el poderío del Imperio Mongol – más extenso aún que el Romano – y luego la fuerza del Imperio Otomano, impidieron que el hombre blanco ocupara por la fuerza y dominara Asia y Medio Oriente… Pero sólo era cuestión de tiempo; primero implosiona el Imperio Mongol, y más tarde se debilita el Imperio Otomano por el desfase de su tecnología militar. Entretanto, el hombre blanco dirigiría su atención a otra parte.

Todos están de acuerdo en que la composición étnica actual de todo el Continente Americano, es fruto del genocidio sistemático. A su salida de Europa, el hombre blanco tenía bajo el brazo una autorización del Sumo Pontífice, que le confería derechos de propiedad sobre todos los territorios que “descubriera” … Sólo que, en realidad, no descubría nada… ya vivían en América los verdaderos americanos… y no eran blancos.

Desde Alaska hasta la Argentina, América era poblada por pueblos de menor rigor bélico que los de Asia y Medio Oriente, de pelo liso y piel canela que se tornaba más clara en los extremos Norte y Sur. Fue aquí, en el Caribe, donde inició el fin del Nativo Americano. Movido por la codicia, el hombre blanco usó la religión como excusa para asesinar y esclavizar al nativo americano en “guerra santa”, haciendo lo que ni si quiera hizo el mismo Jesús: matar en su nombre. Todo como si el nativo americano no tenía ya sus propias creencias.

Entre los Siglos XV Y XVI, el nativo americano fue casi exterminado por completo, extrayendo el oro que era saqueado por el hombre blanco; y para muestra un botón: Hoy no quedan sino pocos asentamientos del nativo americano en las llamadas “Indian Reserve” en Estados Unidos, algunas zonas de México, Bolivia y Perú; y encima, este artículo está escrito en español.

Con todo aquel oro, el hombre blanco financió más “descubrimientos” en América, y más “guerras santas” en Europa y el Medio Oriente. Donde el hombre blanco extrajo todo el oro, empezó a explotar la tierra y llevar consigo sus frutos. Donde el hombre blanco extinguió a todo nativo americano, importó al nativo africano, que padecía la travesía más inhumana imaginable desde su salida del Continente Africano hasta llegar al Continente Americano…

Pero seamos comprensivos… Por aquellos días el hombre blanco estaba “confundido” y no sabía si el nativo americano o el nativo africano, tenía o no un “alma”. Es así que se puebla el Continente Americano, con una mezcla; porque aunque la mujer americana y la mujer africana no tenían alma, sí servían para satisfacer los deseos carnales del santo hombre blanco. El Continente Americano es, por definición, un Continente de Inmigrantes cuya diversidad étnica es producto del mestizaje.

Durante el Siglo XVI, cansado de medir fuerzas con los suyos, el hombre blanco decide que en su tierra (Europa), ya no sólo puede ser la ley del más fuerte la que gobierne, y deciden acordar que de allí en adelante, cada pueblo será un Estado Soberano… A fin de cuentas, hay demasiado en qué ocuparse en sus “territorios de ultramar” de América, África y Asia. (¿Recuerda la paz de Westfalia?)

En la vida nada es para siempre: antes el hombre blanco llevaba a su paso muerte y destrucción en nombre de Cristo, y luego poco a poco empezó a hacerlo en nombre de la Democracia.

De esta última pretende ser el reciente inventor, pero sabemos que ya había nacido y muerto en el mundo griego, miles de años antes de Cristo. Algunos 1700 años luego de la pasión de Cristo, el hombre blanco reclama el retorno a la República de Platón, pues ya se sentía esclavizado y oprimido en su propia tierra, como si fuera un simple Americano o un Africano cualquiera, de cuya alma aún dudaba la existencia.

El hombre blanco se da derechos en su Déclaration des Droits de l’Homme et du Citoyen, derechos que reserva para sí, negándoselos al Africano y al Americano, y a todas las mujeres sin importar su color.

Para el Siglo XVIII un asentamiento más reciente del hombre blanco en América, decide ser libre de sus parientes del viejo continente, porque ya les estaban cobrando muchos impuestos (qué fatales los primos). Inspirados en la corriente de los Ilustrados del viejo continente, escriben en su nueva Constitución que “all men are created equal”… Pero al parecer faltó decidir qué hacía que un hombre fuera hombre para aquella época, porque aún el nativo americano y el nativo africano seguían subyugados y esclavizados “in the land of the free”.

Aunque no hay mal que por bien no venga, pues todo este descontento del hombre blanco consigo mismo, también inspiró a los criollos: los nuevos pobladores de centro y sur América y el Caribe, en su mayoría negros y mestizos. Así es, el criollo empezó a soñar con el Estado Soberano y con aquellos famosos Derechos del Hombre, y se pasó todo el Siglo XIX reclamando la tierra que le vio nacer, ahuyentando al fin al hombre blanco.

Para esta época ya Asia y Medio Oriente estaban lo suficientemente debilitadas y, como dicen: quien mucho abarca poco aprieta. Así que el hombre blanco – a regañadientes – termina por soltar un poco a América, aunque no completamente. Ahora el hombre blanco se dedicará a “descubrir” el Japón que había permanecido aislado durante algunos siglos, pero ya no lleva una cruz, sino palabras como “derechos” y “democracia”. Esto es lo que hace a partir de ahora en Asia y Medio Oriente, importar una versión diluida de la democracia, digamos un starter kit o un kit de démarrage, que sirve de excusa para instalarse y “enseñarle” a pueblos con costumbres diferentes a ser “libres” en corto tiempo, a cambio de sus recursos naturales. Pretende instalar por la fuerza el concepto de “democracia”, que le llevó miles de años recordar y decidirse a utilizarlo, y que él mismo no entiende muy bien después de más de 200 años de uso.

Así es, no lo entiende muy bien porque entre 1915 y 1945 se peleó consigo mismo en dos guerras mundiales, y aún en el Siglo XX convivía con el absolutismo en el propio viejo continente.

A esta altura de mi perorata, espero que ya tenga usted claro que el hombre blanco ya no es más un color de piel, y ni siquiera una filosofía. Para mí es un estado mental que debería ser declarado como una enfermedad, por aquella Organización que ha dicho que de aquí al 2030 no se habrá dejado a nadie atrás.

Categories: Opinión

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