Consummatum est!: El caso Dilma Rousseff

Consummatum est!: El caso Dilma Rousseff

 

aaaaaaasaasaenenenenenPOR ERNESTO JIMÉNEZ

 

“Brasil vive un momento triste”. Papa Francisco.

 

El pasado miércoles 31 de agosto, tal como lamentablemente se auguraba, 61 senadores brasileños decidieron relevar del cargo a Dilma Rousseff, la primera mujer en llegar a la presidencia en toda la historia de Brasil. La mandataria  fue destituida por unos señores que ni siquiera fueron capaces de condenarla por actos dolosos o de corrupción en el manejo de los fondos públicos, es más, cuando hubo que decidir sí, además de perder el cargo, la presidenta debía ser privada de sus derechos civiles y políticos…tan solo 42 votaron a favor.

Siendo esto así, cabe preguntarse: ¿por qué destituyeron a la presidenta y cuál fue la acusación en su contra? La terrible respuesta es que la desplazaron del cargo como consecuencia de una feroz lucha por el poder político a lo interno de su sociedad y la excusa para hacerlo fue una baladí acusación de utilizar operaciones ilícitas para maquillar el déficit fiscal del Estado.

¡Y otra vez el déficit fiscal! Les confieso que desde la distancia observamos con espanto como los legisladores brasileños utilizaron este instrumento fiscal como herramienta política contra la ahora ex mandataria. También recordamos como aquí, en República Dominicana, vivimos recientemente un interesante escenario político donde se utilizó el déficit público para intentar manchar la imagen de un carismático y popular ex gobernante.

Ahora bien, la verdad es que Brasil está sufriendo los efectos de una brutal crisis económica –en parte como consecuencia de la crisis financiera global del 2008 y la desaceleración de la economía China- que ha elevado la tasa de desempleo a un 12%, la inflación supera el 14% y se proyecta una contracción de la producción superior a un 3% este año; y por esta razón, para mantener los altos niveles de inversión y gastos sociales, la presidenta Rousseff decidió convivir con un elevado déficit público, lo cual usted pudiera desaprobar como instrumento válido de política fiscal pero esto nunca podría justificar la destitución de un presidente electo por el voto libérrimo del pueblo.

Es muy triste observar la forma burda en que se defenestró a una presidenta honesta, luchadora desde joven por la libertad de nuestros pueblos, que formó parte de los gobiernos que sacaron a más de 40 millones de brasileños de la pobreza y brindaron niveles de estabilidad y progreso sin precedentes en la historia de esa nación.

Definitivamente, los poderosos sectores conservadores que han sido derrotados en 4 elecciones consecutivas por Lula Da Silva y Dilma Rousseff, al verse incapaces de vencer en las urnas al Partido de los Trabajadores (PT) han decidido utilizar el Congreso para suplantar la voluntad de más de 54 millones de brasileños que votaron por Dilma. Por lo tanto, lo acontecido en el Senado de ese país no fue un verdadero juicio político o “impeachment”, fue más bien una farsa grotesca disfrazada de institucionalidad.

¡El golpe está consumado! Y semejante desfachatez contra una mujer digna tendrá su precio ante la historia, por lo que sentimos el deber de evocar en honor a Dilma Rousseff, las palabras finales de Fidel Castro en su autodefensa en el juicio en su contra por el asalto al cuartel Moncada: “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

 

(El autor es economista y comunicador).

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