¿Prepararse para la próxima pandemia…? En el Banco Mundial tratan el tema

¿Prepararse para la próxima pandemia…? En el Banco Mundial tratan el tema

Por Juan Pablo Uribe, Priya Basu y Magnus Lindelow

A raíz de la COVID-19, se han formulado llamados en el mundo a prepararse mejor para la próxima pandemia.  Estos llamados se ven impulsados por una sensación de que el brote se pudo haber previsto y prevenido, o que la propagación se pudo haber controlado de manera más eficaz, evitándose las muertes y causándose menos trastornos económicos y sociales.

Este tipo de convocatorias se han formulado en el pasado y han dado origen a medidas significativas. Sin embargo, el mundo tiende a seguir adelante rápidamente, y nuevas crisis captan la atención, lo que da lugar al ya conocido ciclo de «pánico y negligencia». Esto es preocupante: aunque se desconoce el momento y la naturaleza de la próxima pandemia, es seguro que se producirá.

Quizás esta vez las cosas serán diferentes. La COVID-19 ha puesto de manifiesto las limitaciones de los esfuerzos anteriores y la necesidad de un enfoque para la preparación más ambicioso y sostenido.  Es alentador ver llamados generalizados en torno a un mayor financiamiento, una reforma de la gobernanza mundial para las crisis sanitarias e ideas innovadoras sobre los bienes públicos mundiales.

Pero analicemos primero qué es la preparación para casos de pandemia y qué tipos de inversiones se necesitan.

La preparación para casos de pandemia empieza a nivel del país

La preparación comienza a nivel del país y abarca numerosos elementos.  Primero que todo, se requieren sistemas de salud sólidos y resilientes, particularmente en la atención primaria, para facilitar la detección de brotes de enfermedades, proporcionar servicios esenciales, y apoyar la distribución de vacunas y la implementación de otras medidas de respuesta médicas. En segundo lugar, se necesitan servicios de vigilancia y capacidad de laboratorio para detectar tanto brotes de enfermedades humanas como de enfermedades zoonóticas. En tercer lugar, son necesarios mecanismos de coordinación intersectorial para fines de prevención y preparación. En cuarto lugar, la preparación requiere marcos jurídicos e instrumentos normativos para apoyar la prevención de brotes y la implementación de medidas de respuesta. En quinto lugar, es necesario que las cadenas de suministro funcionen bien y que haya existencias adecuadas de insumos y equipos esenciales.

Estos y otros elementos de preparación se establecen y reflejan en el enfoque de la herramienta de evaluación externa conjunta que surgió del Reglamento Sanitario Internacional de 2005.

Como los patógenos no respetan fronteras, también hay importantes dimensiones transnacionales en materia de preparación, en las que las instituciones regionales y subregionales juegan un papel fundamental en esferas tales como la armonización normativa, las normas para la presentación de informes y el intercambio de información sobre brotes de enfermedades, el intercambio de activos de salud pública esenciales como los laboratorios de alta complejidad, y las adquisiciones conjuntas.

Numerosos países, especialmente los de ingreso bajo y mediano, tienen deficiencias de larga data en estos ámbitos de la preparación, que también se traducen en carencias a nivel regional.  La pandemia de COVID-19 puso en grandes dificultades incluso a países con planes de preparación más sólidos, evidenciando vulnerabilidades asociadas con la interrupción de las cadenas de suministro mundiales y el papel de la falta de confianza, cohesión y mecanismos de coordinación dentro de los Gobiernos en el debilitamiento de la respuesta.

El apoyo del Banco Mundial para la preparación

Aunque el Banco Mundial —la AIF y el BIRF—, tiene un sólido historial en el suministro de financiamiento a largo plazo, previsible y sostenido que los países necesitan para prepararse para casos de pandemia, lo que a menudo requiere intervenciones multisectoriales. Por ejemplo, el Programa de Mejoramiento de los Sistemas Regionales de Vigilancia de Enfermedades (REDISSE) desarrollado tras la crisis del ébola, que utiliza un enfoque de «Una Salud» en que se reconocen los vínculos entre la salud humana y animal y el medio ambiente, ha ayudado a fortalecer la capacidad nacional y regional para la vigilancia de enfermedades y la preparación frente a epidemias en 16 países de África occidental y central. También hemos apoyado a los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades a través de financiamiento de la AIF. A medida que ayudamos a los países a abordar la actual pandemia de COVID-19 con nuestro paquete de asistencia de USD 157 000 millones, el mayor de nuestra historia, continuamos cooperando con el desarrollo de capacidad de preparación para futuras pandemias.  Es más, tanto la AIF como el BIRF movilizan recursos significativos en los mercados de capital: actualmente, la AIF proporciona más de USD 3 en financiamiento en condiciones concesionarias por cada dólar aportado por los donantes; en el caso del BIRF, USD 1 de capital adicional puede movilizar USD 10 adicionales en financiamiento para los clientes.

De cara al futuro, el conjunto de mecanismos e instrumentos de financiamiento del Banco Mundial, su presencia global, su fuerte presencia en los países, su experiencia multisectorial y su amplio alcance que le permite llegar a los responsables de las políticas lo pone en una buena posición para ampliar el apoyo a la preparación de los países y de las regiones. La preparación será un tema importante de la AIF-20, y está previsto que ocupe un lugar más destacado en nuestro trabajo con los países.

La necesidad de una acción mundial

La pandemia de COVID-19 también ha puesto de relieve la necesidad de tomar medidas a nivel global, y una gran parte de los aumentos propuestos en el financiamiento internacional para actividades de preparación se centra en abordar las brechas percibidas en el ámbito mundial.

Las necesidades de financiamiento mundiales son diversas y complejas. Una prioridad clave es aumentar el financiamiento de la investigación y el desarrollo dirigido a tratamientos y vacunas, un área que está recibiendo considerable financiamiento público, privado y filantrópico. Este incluye el apoyo de la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), que se estableció como un fondo de intermediarios financieros (FIF) respaldado por el Banco Mundial y que busca modificar positivamente los modelos de financiamiento para vacunas contra enfermedades epidémicas.

Igualmente importante es el financiamiento para las medidas de respuesta médicas a fin de garantizar el acceso oportuno y equitativo para todos los países. Por el lado de la demanda, esto exigirá que nos basemos en nuestra experiencia colectiva con mecanismos de adquisiciones conjuntas como el COVAX y el Fondo Africano para la Adquisición de Vacunas (AVAT). Por el lado de la oferta, existe la necesidad de aumentar la capacidad de fabricación distribuida para garantizar el acceso equitativo a vacunas de bajo costo. No todos los países necesitan una capacidad de fabricación de vacunas propia, pero debemos asegurarnos de que haya suficiente capacidad de producción en los países en desarrollo que pueda ampliarse rápidamente.  Es poco probable que las compañías farmacéuticas inviertan sin un cierto grado de demanda y de certidumbre sobre los precios, que es donde los compromisos anticipados de mercado respaldados con el financiamiento de los donantes pueden ser de ayuda.

¿Cómo avanzamos?

El ambicioso programa de preparación ha generado llamados para aumentar el financiamiento. El Panel Independiente de Alto Nivel del G-20 estimó que se necesitan USD 34 000 millones anuales de financiamiento público en los próximos cinco años, y de este monto casi la mitad sería de donantes. Recientemente, el Gobierno de Estados Unidos instó a establecer un fondo mundial de salud por valor de USD 10 000 millones para la preparación ante futuras pandemias, y anunció una contribución de USD 250 millones para poner en marcha el esfuerzo. Se propuso que el fondo se establezca en el Banco Mundial.

El financiamiento adicional para actividades de preparación podría ayudar a ampliar el apoyo que el Banco Mundial y otros organismos proporcionan a los países y las instituciones regionales, y a abordar las deficiencias a nivel mundial.

Un próximo paso clave es desglosar la evaluación de las necesidades y el cálculo de costos preparados por el Panel Independiente de Alto Nivel del G-20 y profundizar el análisis de las deficiencias. El financiamiento es fundamental para una mejor preparación, pero una preparación sólida requiere también una voluntad política sostenida.  Esto parece requerir un conjunto de normas y estándares sobre la preparación para casos de pandemia acordados a nivel mundial —sobre la base de la herramienta de evaluación externa conjunta— y un seguimiento y evaluación periódicos del desempeño con respecto a esos estándares. Tal vez sea el momento de considerar un nuevo «pacto mundial sobre la preparación para pandemias», similar al del cambio climático, con el fin de garantizar un compromiso compartido y una responsabilidad colectiva en torno a la preparación para casos de pandemia.

(Fuente de origen, Grupo Banco Mundial).

Categories: Internacionales

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