Sanciones que le saben a nada a Putin

Sanciones que le saben a nada a Putin

(La foto es de Fuente Externa).

Por Amaury Guzmán

Las nuevas sanciones  económicas que pregona la propaganda occidental en contra de Rusia alardeando de su efectividad en el actual conflicto bélico no generarán los efectos necesarios para apaciguar la situación imperante que viven ambos países de estrés e incertidumbre. Los rusos utilizarán la misma propaganda para alimentar su ego imperial, de que no necesitan de nadie más para poder subsistir.

Estas sanciones económicas pareciesen bastante severas en términos puramente económicos, algunas de las cuales son  de corte financiero que afectan directamente  el comercio, como por ejemplo: inaccesibilidad a los mercados de capitales internacionales  y bloqueo del trading de los bonos soberanos rusos en los mercados más importantes; la congelación de los activos de los principales oligarcas rusos, la salida de los principales bancos comerciales rusos del sistema de pagos SWIFT; la imposibilidad operativa del NORT STREAM 2 (Gaseoeducto de principal importancia en Europa) y sanciones a las empresas implicadas dentro de la construcción del gaseoducto.

Por otra lado, la censura de parte de las compañías tecnológicas norteamericanas a los medios de comunicación rusos y la retirada masiva de la inversión extranjera directa de las empresas multinacionales que operaban en territorio ruso.

Sin lugar a dudas son medidas que laceraran de forma significativa el bienestar general de los consumidores rusos, sin embargo esto no será suficiente para detener al OSO Siberiano.

Una de las consecuencias más resonada ha sido el desplome del poder adquisitivo de la moneda de Rusia (Rublo Ruso) que ha descendió en un 40%. Un descalabro de la moneda parece un costo adicional al alto precio del conflicto bélico, el cual Putin está dispuesto a pagar.  

Dado que la moneda es simplemente un medio de cambio y actúa como reserva de valor, aunque si bien para un estado dependiente de insumos o servicios podría ser catastrófico, no es en el caso de Rusia. Rusia, al tener una economía nacional bastante robusta en todos los sectores, principalmente en el energético, no teme a estas consecuencias económicas.

Cabe destacar que el Banco Central ruso ha elevado su tasa de política monetaria hasta un 20% para así poder contrarrestar el exceso de liquidez de los mercados provocados por los consumidores rusos al sacar sus ahorros temiendo que perderían su valor.

Por otra parte Putin ejecutó una nueva orden financiera que prohíbe a los habitantes rusos sacar del país la suma equivalente a más de 10,000 dólares. Estas medidas recalcan el poderío ruso sobre sus habitantes y les deja entender de que el valor de sus activos aun esté anclado a la moneda rusa  no representarán pérdidas de valor significativas en el ámbito nacional.

Además, su aliado más importante, China, le ha dejado las puertas abiertas para que Rusia logre penetrar nuevamente en el comercio mundial a través del sistemas de pagos internacional de CIPS que utiliza la moneda china yuan como medio principal de pago. El gran Oso Siberiano y el Dragón Rojo buscarán la forma de reorganizar sus relaciones económicas y comerciales para alivianar las restricciones impuestas por Occidente. Esto funciona como parte de la agenda de la alianza roja para desdolarizar el comercio internacional, provocando así una pérdida incalculable de poder hegemónico para Estados Unidos.  

En conclusión, el Occidente necesitará de sanciones diferentes para poder forzar a Rusia a desistir de imponer sus intereses imperiales en Ucrania. Las sanciones aplicadas no lograrán una desescalada militar, al contrario, podrían desencadenar un fervor que reavive los antiguos sentimientos de superioridad que siempre ha sentido el gigante dormido.

(Amaury Guzmán es economista).

Categories: Opinión

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